La mayoría de las aulas europeas reúne hoy a alumnos que hablan lenguas distintas en casa, celebran fiestas diferentes y traen historias familiares diversas. Esa diversidad puede quedarse invisible, convertirse en una fuente de conflictos o llegar a ser uno de los recursos más valiosos de un centro. Cuál de las tres cosas ocurre depende en gran medida de las decisiones de los docentes y de los equipos directivos.
Este artículo explica qué significa promover la diversidad cultural en la escuela, qué dicen al respecto los marcos europeos e internacionales y qué estrategias prácticas funcionan tanto en el aula como en el conjunto del centro.
¿Qué significa promover la diversidad cultural en la escuela?
Promover la diversidad cultural en la escuela significa construir un entorno de aprendizaje en el que el origen cultural, la lengua y la identidad de cada alumno se reconozcan y se respeten, y en el que los alumnos aprendan a entender y a trabajar con personas diferentes a ellos. Va más allá de tolerar las diferencias: las convierte en un recurso compartido para el aprendizaje, a través del currículo, los métodos de enseñanza, las políticas del centro y la relación con las familias.
UNESCO’s Directrices de la UNESCO sobre la educación intercultural establecen aquí una distinción útil. La educación multicultural recurre al aprendizaje sobre otras culturas para lograr la aceptación o, al menos, la tolerancia. La educación intercultural pretende ir más allá de la coexistencia pasiva y crear comprensión, respeto y diálogo entre los distintos grupos culturales. La mayoría de las estrategias que siguen se basan en el segundo enfoque.
¿Por qué es importante la diversidad cultural en la educación?
La primera razón es el sentido de pertenencia. El informe de Eurydice La integración del alumnado de origen migrante en los centros escolares de Europa (2019), que abarca 42 sistemas educativos, analizó datos del estudio PIRLS 2016: en casi todos los países europeos participantes, los alumnos de primaria que no hablan en casa la lengua de instrucción declaran un menor sentido de pertenencia a su centro y afirman sufrir acoso por parte de sus compañeros con más frecuencia. Un centro que deja espacio a sus lenguas y culturas está abordando una carencia real, no estética.

La segunda son las competencias que necesita todo el alumnado. El Marco de referencia de competencias para la cultura democrática del Consejo de Europa describe 20 competencias que las personas necesitan para convivir como iguales en sociedades democráticas culturalmente diversas. Entre ellas figuran «valorar la diversidad cultural» y la «apertura a la otredad cultural y a otras creencias, visiones del mundo y prácticas», junto a destrezas como la empatía, la escucha y la observación, la cooperación y la resolución de conflictos. Son resultados de aprendizaje para todo el alumnado, no solo para los alumnos de origen migrante.
¿Qué principios clave hay que seguir?
Las directrices de la UNESCO resumen la educación intercultural en tres principios. Dicho de forma sencilla, la educación intercultural:
- respeta la identidad cultural de cada alumno, mediante una educación de calidad culturalmente adecuada y receptiva para todos;
- proporciona a cada alumno los conocimientos, las actitudes y las competencias culturales necesarios para participar de forma activa y plena en la sociedad;
- ayuda a todos los alumnos a contribuir al respeto, la comprensión y la solidaridad entre individuos, grupos étnicos, sociales, culturales y religiosos, y naciones.
De aquí se deriva una prueba sencilla para cualquier actividad: ¿trata las culturas de los alumnos con dignidad?, ¿les ayuda a participar?, ¿construye entendimiento entre grupos? Una actividad que solo exhibe tradiciones «exóticas» una vez al año suele fallar en las tres.
¿Cómo pueden los docentes promover la diversidad cultural en el aula?
La mayor parte del trabajo se hace en las clases normales, no en actos especiales. Algunas estrategias que funcionan en distintas asignaturas y edades:
- Parte de las experiencias de los propios alumnos. Invítalos a compartir historias familiares, lenguas, música u objetos que les importen, siempre de forma voluntaria: a ningún alumno se le debe obligar a «representar» a un país o a una religión.
- Usa la narración de historias, el teatro y las simulaciones. La UNESCO incluye la narración de historias, el teatro, la poesía y la canción entre los métodos de enseñanza culturalmente adecuados. Los juegos de rol y los ejercicios de simulación permiten a los alumnos mirar una situación desde otro punto de vista, que es la esencia de la empatía.
- Diversifica las perspectivas de tus materiales. En historia, literatura, ciencias o arte, pregúntate qué voces están presentes y cuáles faltan, y añade ejemplos de distintas culturas con la misma dignidad y profundidad.
- Trabaja los estereotipos abiertamente. Ayuda a los alumnos a detectar generalizaciones en los medios, los libros de texto y su propio lenguaje, y a debatir de dónde vienen. Los docentes pueden empezar reflexionando sobre sus propios supuestos y expectativas.
- Usa el aprendizaje cooperativo en grupos mixtos. El trabajo en grupo estructurado, con roles claros, ayuda a los alumnos que normalmente no hablarían entre sí a generar confianza a través de una tarea común.
- Establece normas de aula claras contra la discriminación. Acuérdalas con los alumnos, aplícalas con coherencia y responde a cada caso de burla o exclusión, por pequeño que sea.

Para una visión más amplia de cómo encajan estas prácticas en una escuela inclusiva, consulta nuestro artículo sobre la inclusion in schools.
¿Cómo puede todo el centro apoyar la diversidad cultural?
Las estrategias de aula duran más cuando todo el centro las respalda. Eurydice describe el «enfoque de centro integral» como un enfoque colaborativo en el que participan los docentes, los directores, otros profesionales de la educación, las familias y la comunidad local. En la práctica, los equipos directivos pueden actuar en varios niveles:
- Curriculum. Planifica la diversidad cultural a lo largo de las asignaturas y los cursos, para que no dependa de la buena voluntad de unos pocos docentes ni de un único «día internacional».
- Entorno escolar. La UNESCO ofrece ejemplos concretos de entornos de aprendizaje que respetan la diversidad cultural: tener en cuenta las necesidades alimentarias, respetar las normas de vestimenta y disponer de espacios para la oración o la meditación. La señalización, los murales y la biblioteca también pueden reflejar las lenguas y culturas de la comunidad escolar.
- Política contra la discriminación. Una política escrita, conocida por el personal, el alumnado y las familias, con procedimientos claros para denunciar y gestionar los casos de racismo, acoso o exclusión.
- Formación del personal. Da a los docentes tiempo y formación para desarrollar competencias interculturales, compartir prácticas y debatir juntos las situaciones difíciles.
- La comunidad local. Las asociaciones culturales, las bibliotecas y otras organizaciones locales pueden contribuir a proyectos, actos y visitas de aprendizaje.
¿Cómo puede la escuela valorar las lenguas familiares del alumnado?
La lengua es una de las partes más visibles de la identidad cultural, y una de las más delicadas. El informe de Eurydice constató que muy rara vez el alumnado de origen migrante tiene derecho a estudiar su lengua familiar en el centro: trece sistemas educativos de nivel superior en Europa tienen normas o recomendaciones sobre la enseñanza de la lengua familiar. Incluso donde no hay una política nacional, los docentes pueden dar espacio a las lenguas de sus alumnos.
Finlandia es el ejemplo que destaca el informe: allí todas las lenguas presentes en el centro se valoran y se usan, y el currículo promueve el plurilingüismo y la conciencia lingüística para todo el alumnado. Algunas ideas que cualquier centro puede adaptar:
- carteles de bienvenida y textos breves en las lenguas que hablan los alumnos y sus familias;
- retratos lingüísticos, en los que los alumnos dibujan y colorean las lenguas que forman parte de su vida;
- permitir que los alumnos usen su lengua familiar para planificar, tomar apuntes o debatir antes de trabajar en la lengua de instrucción;
- invitar a los alumnos a enseñar a sus compañeros algunas palabras o expresiones;
- actividades de lectura y de biblioteca con libros bilingües.
¿Cómo puede la escuela implicar a familias de distintas culturas?
Las familias son las primeras expertas en las culturas de sus hijos, y su confianza facilita todo lo demás. El informe de Eurydice señala que alrededor de dos tercios de las autoridades educativas de Europa promueven la implicación de las familias del alumnado migrante en el centro. Algunos pasos prácticos:
- una comunicación clara y sencilla, con la información clave traducida o un intérprete en las reuniones importantes cuando sea posible;
- horarios de reunión que se adapten a distintos horarios laborales;
- invitar a las familias a contribuir en las clases y en los actos del centro como personas con conocimientos y habilidades, no solo como invitadas a un festival gastronómico;
- incluir a familias de distintos orígenes en las asociaciones de madres y padres y en las decisiones del centro.
Nuestra guía sobre la comunicación entre familias y docentes ofrece más ideas para construir este tipo de relación.
¿Qué errores debe evitar la escuela?
- Tokenism. Un único festival de banderas y comida, sin nada más durante el año, puede reforzar los estereotipos en lugar de cuestionarlos.
- Poner a los alumnos en un aprieto. Pedir a un niño que hable en nombre de «su» país o religión delante de la clase puede resultarle incómodo. Haz que compartir sea una invitación, no una obligación.
- Tratar la cultura como algo fijo. Los alumnos tienen identidades múltiples y cambiantes: un alumno nacido en un país de padres de otro puede identificarse con ambos, con ninguno o con algo nuevo.
- Ignorar los conflictos. Promover la diversidad no significa evitar las conversaciones difíciles. Los prejuicios y la discriminación hay que nombrarlos y abordarlos.
Desde nuestra experiencia en ELA
Nuestro curso Aprendizaje intercultural y diversidad cultural en el aula trabaja cómo se forman los estereotipos y los prejuicios, la comunicación intercultural y la empatía, y el papel del docente con el alumnado recién llegado, mediante la narración de historias, ejercicios de simulación y actividades no formales que los propios participantes diseñan y ponen a prueba. Formarse junto a colegas de otros países añade otra dimensión: los participantes viven el diálogo intercultural en primera persona. Un participante escribió tras el curso en Palermo: «(…) las actividades culturales y las visitas por la ciudad de Palermo nos permitieron sumergirnos por completo en la cultura local y conectar con otros participantes» (Luis Vives Martín, España). Si tu objetivo son los prejuicios y la discriminación, consulta Diversidad en las aulas: enseñar a tolerar y superar prejuicios y discriminaciones, o consulta todos los cursos Erasmus+ de educación inclusiva.
Fuentes
- UNESCO, Directrices de la UNESCO sobre la educación intercultural, Paris, 2006.
- Comisión Europea / EACEA / Eurydice, La integración del alumnado de origen migrante en los centros escolares de Europa: políticas y medidas nacionales, Oficina de Publicaciones de la Unión Europea, 2019.
- Council of Europe, Marco de referencia de competencias para la cultura democrática, volumen 1: Contexto, conceptos y modelo, Council of Europe Publishing, 2018.
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